lunes, 15 de agosto de 2016

Una talla 34

He estado revisando algunas fotografías de hace años ya que, las estoy seleccionando para imprimirlas puesto que, en la sociedad tecnocientífica tendemos a acumular millones de fotos en el ordenador y si este falla... nos quedamos sin recuerdos.

Hoy os voy a contar algo muy íntimo y nada sencillo para mí. Observando las imágenes que os digo, he podido contemplar una enorme evolución en cada aspecto de mi persona.

En 2009, teniendo yo 19 años era modelo y bailarina, un mundo en el que el físico es lo principal. A penas tengo recuerdos de esa época. Pesaba menos de 42 kg, me pasaba el día haciendo ejercicio, incluso, he de reconocer que me ponía bolsas de plástico al rededor del cuerpo para sudar más y así perder peso. Me veía gorda, horrible y sólo me sentía bien ejercitándome y sin apenas comer, eso era mi droga. Detestaba la comida, podía pasar días sin comer, tan solo a base de chicles y cola cao. Esto no era nuevo para mí, había sido gimnasta desde una edad muy temprana y, el control del peso era parte de mi rutina diaria. Supongo que, era un modo de controlar algo en mi caótica vida de aquellos entonces.


Nunca he sido una chica a la que le gustase beber pero, aún así, esos años me pasaron factura, sólo pensaba en bailar, adelgazar y gustar hasta que, por suerte, conocí a un chico que cambió mi rumbo por completo.